Hace ya tiempo que no salgo de casa por la noche, hace tiempo que estoy con
las pilas puestas, tratando de encender fuego a la adrenalina; pero
siempre hay algo que hacer, algo que se pone de por medio, una cita
por demás cuadrada, una obligación que efectuar, la
responsabilidad de la conciencia, etc. Al final otro dia sin final,
sin terminar de pensar de lo cotidiano del andar a veces sonánbulo.
El ajetreo de una vida se dispara descomunal, velóz como una
bala invisible en su trayectoria; solo el impacto se hace notable,
impacto descalzo de una vida trabada de experiencias al azar (exasperada
perturbación a la tanquilidad).
Afuera calienta un sol flojo sin querer y yo abstraigo en mi conciencia
una y otra véz alrededor de cuatro paredes mudas, llega la
noche fria del norte y continuo reflexionando sobre el quehacer de
los miles de gusanos paranoicos de esta gran Babilonia.
Decidí hacer un alto a tanto bollo y fugarme nuevamente al
encuentro con los sentidos. Encontrarme con una de esas experiencias
locas, como fué en la última torcida; al fin de cuentas
que valor tiene un ajetreo individual, si la conquista de gloria no
existe realmente. Recuerdo la ultima véz en que me fuí
de parranda, fue como siempre suele suceder, sin querer queriendo
(subconcientemente claro esta!!!), el encuentro casual de unos mamarrachos
sin rumbo en la noche razón suficiente para empezar el desorden;
el estimulo fugáz de una música ligera que abarrota
los sentidos embriagando una sed de alegria a la razón ya ída.
Vasos del demonio alcohol desfilan por unos labios sedientos de accion,
El Dios del reventón se alegra por tal ocación). Gente
viene gente va, los sentidos se alegran al saber que no solo nosotros
sentimos la misma nostalgía en que la musica nos transporta;
abstraccion de necesidad indómita.
Así es que entre musas heroicas y payasos de cartón
se halla a un condiscípulo gemelo, lo cual es condición para
viajar a un cielo inhóspito, donde lo real no existe (si la
fortuna lo quiere), o tal véz a la incitación de quedarte
en permanente pecado.
Así es como la encontré buscando sueños en un
mar de gente, cantando canciones alegres en un mundo casi extraño,
afuera helado. Paraisos extraviados por la inocencia olvidada en tiempos
casi más lejanos. Todas las hojas son del viento, hoja cautiva
que vuela envuelta en su soledad cotidiana; esperando reposar en un
torbellino de paz.
En esa noche sin sueño le robé un pedazo del corazón,
mientras ella dormía soñando quizás con un
principe feudal.
Quize en sus ojos alcanzar a ver mi alma perdida, solo encontre
la tentacion. Hoja presa, esclava del viento seguira buscando su
paraiso en el mar de gente; mientras yo seguiré también
con mi destino, aferrandome en mis temporales descansos de perdición,
acordandome siempre en cada reposo de mi hurto en esa noche sin
sueño. Todas las hojas son del viento, menos la que halle
en esa noche de reventón.
De repente ya amanecía, mis pies se sentian tan cansados
por los espasmodicos movimientos de la música, mi mente flaqueaba
revelandose por cada acción pensativa y lo peor es que mi
corazón me delataba. Así terminaba el pecado, la acción
de toda una noche de desfogue; al final por una parte cansancio
total, neuronas decapitadas y esperando solo el poder encontrarme
en mi cama personal; por otra parte renovado de toda esa fatiga
cotidliana, renovado en el alma, satisfecho por doquier. Ahora lo
recuerdo todo y veo que la gloria sí existe, al menos en
esa fugáz noche de torcida, es hora de salir, tiempo del
desfogue, hora de la torcida.